Me contaron por ahí... ella se encontraba sola, estaba sentada en una hamaca, en ese instante se deslizó una pluma, como una imagen de película. Se dio cuenta de con tan solo esa pluma que se iba cayendo se alegro, se puso feliz.
Darnos cuenta de con cuantas cosas sencillas se puede ser feliz, alegrándonos del día; aunque esté nublado, o tan solo un instante. Luego se puede recordar en los momentos más tristes en los que ya no nos quedan fuerzas, y estamos agotados, enojados... Al recordar esos instantes nos alegramos, llega la felicidad y se desvanece la ira, el mal.
La felicidad que se vive queda guardada en el interior, algún día, más adelante lo recordaremos y saldrá una sonrisa; o algo más: una risa.